De mí misma, más veces de las que me gustaría admitir. Pero a veces está buenísimo empezar cosas nuevas; la adrenalina que se siente ante una hoja de papel en blanco, una oportunidad con un gran signo de pregunta, un pasaporte sin llenar, o unos zapatos sin usar. Un número de teléfono sin marcar. Un mensajito sin contestar, titilando, a la expectativa de que sea abierto.
Ese preciso instante en el que se queda en el limbo, a la espera de llegar a destino... eso, vale millones.
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